Ruth Ester Rojas
Lo que todo el mundo calla

Soy una estudiante de ingeniería en redes y telecomunicaciones.  Aún no he terminado porque mis padres me obligaron a estudiar licenciatura en matemáticas para ser profesora igual que ellos. Me encontraba en gran tribulación, tengo depresión crónica a causa de muchas cosas que sucedieron en mi niñez y juventud, entre ellas fui abusada por mis tíos quienes “cuidaban” de mí por que mis padres eran profesores y no tenían tiempo de hacerlo, por eso odiaba la idea de ser profesora. Como consecuencia de eso, empecé a alejarme, cortarme los brazos, cuello e intentar muchas veces suicidarme, pero gracias a Dios no lo logré. Mi padre vio la condición en la que me encontraba y me obligó a venir e internarme aquí en la Fundación Orión, yo no estaba de acuerdo, en ese momento era una locura, pero finalmente acepté.

Siendo sincera el primer día no me gustó el lugar y tampoco las personas, todos me miraban como un “bicho raro”. La comida y tantas personas alrededor hacían que pensara en que no podía ser peor, era muy difícil relacionarme con los demás por las muchas cosas que pasé antes de llegar aquí. Luego de esta primera impresión empecé a tener una semana maravillosa, después de todo logré acostumbrarme al cuarto, las personas nuevas y hasta la comida!. Pero la verdadera “lucha” comenzó cuando conocí mis defectos a gran escala y los de mis compañeras de habitación, tuve una recaída y me  corté mi cuerpo de nuevo; triste decía: -¿Por qué lo hice de nuevo?,  le había prometido a mi padre que no lo volvería a hacer, pero una vez más caí. Me estaba desesperando hasta que inicié mi rehabilitación en el CEV (Centro de Estilo de Vida), no estaba muy feliz al inicio por que tendría que dejar la habitación en la que estaba con mis compañeras y trasladarme al lugar donde recibiría los tratamientos, pensaba que me aburriría mucho y eso me haría recaer de nuevo; conocía la historia de Job de cómo lo perdió todo, pero aun así fue fiel a Dios, yo quería ser fiel y confiar,  pero tenía mucho miedo.

Al llegar al CEV, lo primero que entendí es que yo realmente no estaba enferma, llegué a esa conclusión porque Dios empezó a tocar mi corazón, analicé todo y vi que la depresión estaba en mi mente a diferencia de las otras personas que estaban siendo tratadas. Tuve la oportunidad de compartir mucho con cada una de ellas especialmente con Mariel, ella tiene Cáncer de pulmón, pensaba en que si yo fuera ella no estaría viva, no podía entender como teniendo esa enfermedad estaba tan viva, sonriente y feliz cada día que nos alentaba a todos. También estaban las personas que nos atendían y se notaba la disposición que tenían de ayudarnos a mejorar y su amor por nosotros. Poco a poco me fui recuperando, mi vista empezó a tener la dirección correcta y entendí que necesitaba estar dirigida a Dios. Ahora veo la vida de Job y me llena de esperanza y alegría por que sé que Dios está a mi lado y que Él ya ganó la batalla por mí.

Terminé mi tratamiento y ahora estoy lista para servir a Dios, decidí quedarme a apoyar la Fundación y tengo la certeza de que Dios ya tiene un plan trazado para mí, no sé dónde, cuando, pero quiero hacer Su voluntad.

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